
Tandil (poema batracio) -fragmento-
Van reptando el cielo unas neuronas
desflecándose en sinápsis y fisuran
la membrana celulosa de gris, onda
7:30.
Lechazos de delirio nubular
caen sobre la pelada tandilense,
el mundo es una gran mente
en la que yo no soy más que una idea
de lo que podría haber sido... así que
después de un desayuno cargadito
hacer bolitas con los mocos
para sacarse la noche de encima.
Las drogas no pueden preservarse en el cuerpo,
mi cuerpo
es el mundo casual
de una hormiga.
Buracos de memoria se abren
entre las nubes y dilato, entonces,
el esfínter del iris y me atesoro
el recorrido del paisaje
hasta su final:
en las ramas flasheadas de un árbol
perdido por los acolchados de maíz
canta un gallo con una transparencia
significada, saludable y chillona,
mientras bajo la sombra rotulada
del árbol, un pibe barroco trabaja
con la lengua entumecida en una arenga
presiestera y musical;
sus botas de hule se hielan al sol
en las aureolas de tierra infértil
que rodean los bebederos de caballos
masticados, casi masticados
por la costura de hormigas en los alambres.
Y tipo por el fondo
el horizonte se curva
con el peso del trote
de una manada de ciervos
que vienen hacia mí
revirtiendo el recorrido.
Respiro tranca la desecación de las hierbas:
si cada sordo giro del mundo explota en verano
las formas reconocidas no tienen por qué conservarse.
Uuuuuuuuuuuuuuuuuhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!
Alto Retorcijón de Mielina Cerebral
... despejamiento... parcial... contemplación sincopada
de la pared blanca y sucia en un departamento
ofuscado en Barrio Norte: Tandil
siete años chacra donde trabajaba un tío lejano
ovejas mente sana sin arvejas
primer vómito: leche de cabra, posible alcoholismo.
Imagino chutes de pólvora para cada ciervo.
Imagino un alto frenesí dialéctico en la vibra
de la bala en el cráneo y el rifle en mi mano.
Paso apunte sobre las cosas
que tiraría de mi cuarto:
por empezar la pared.
Imagino el afloje de la demencia
cuando uno de los ciervos me toca el hombro
y me dice ‘Ei ¿qué onda?’ y contesto rimando en baba
‘Vos trabajaste el camino
y yo te lo pavimento de un tiro’
Y el ciervo dramatiza su glande.
Y lo esmalta de semen borbón.
Y yo que le silbo al cocodrilo abstractor.
Y el cocodrilo abstractor que acude al grito de:
‘Apollinario! Apollinario!’
Y se lo engarza al ciervo rutilante
escamándole el escroto que
en su rugosidad pretende defender
al musgo uterino de pasto
que se agrieta, ahora, a la tercer empalada
del cocodrilo abstractor.
Y mientras el Ciervo ya Cierva se contractura
en el barro de excremento sanguíneo
le dice a Girri de bicho:
‘Te vas a quedar envasado en el paisaje, solo’
APOLLINARIO
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