viernes, 17 de abril de 2009

De irrisoria complexión del Mati Fillol






De irrisoria complexión - Matías Heer





Tandil (poema batracio)                                                             -fragmento-

 

  

Van reptando el cielo unas neuronas

desflecándose en sinápsis y fisuran

la membrana celulosa de gris, onda

7:30.

Lechazos de delirio nubular

caen sobre la pelada tandilense,

el mundo es una gran mente

en la que yo no soy más que una idea

de lo que podría haber sido... así que

después de un desayuno cargadito

hacer bolitas con los mocos

para sacarse la noche de encima.

 

Las drogas no pueden preservarse en el cuerpo,

 

mi cuerpo

es el mundo casual

de una hormiga.

 

Buracos de memoria se abren

entre las nubes y dilato, entonces,

el esfínter del iris y me atesoro

el recorrido del paisaje

hasta su final:

en las ramas flasheadas de un árbol

perdido por los acolchados de maíz

canta un gallo con una transparencia

significada, saludable y chillona,

mientras bajo la sombra rotulada

del árbol, un pibe barroco trabaja

con la lengua entumecida en una arenga

presiestera y musical;

sus botas de hule se hielan al sol

en las aureolas de tierra infértil

que rodean los bebederos de caballos

masticados, casi masticados

por la costura de hormigas en los alambres.

 

Y tipo por el fondo

el horizonte se curva

con el peso del trote

de una manada de ciervos

que vienen hacia mí

revirtiendo el recorrido.

 

Respiro tranca la desecación de las hierbas:

si cada sordo giro del mundo explota en verano

las formas reconocidas no tienen por qué conservarse.

Uuuuuuuuuuuuuuuuuhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!

 

Alto Retorcijón de Mielina Cerebral

 

... despejamiento... parcial... contemplación sincopada

de la pared blanca y sucia en un departamento

ofuscado en Barrio Norte:          Tandil

siete años                           chacra donde trabajaba un tío lejano

                ovejas                            mente sana sin arvejas

primer vómito:                   leche de cabra, posible alcoholismo.

 

 

Imagino chutes de pólvora para cada ciervo.

Imagino un alto frenesí dialéctico en la vibra

de la bala en el cráneo y el rifle en mi mano.

 

Paso apunte sobre las cosas

que tiraría de mi cuarto:

por empezar la pared.

 

Imagino el afloje de la demencia

cuando uno de los ciervos me toca el hombro

y me dice ‘Ei ¿qué onda?’ y contesto rimando en baba

‘Vos trabajaste el camino

y yo te lo pavimento de un tiro’

 

Y el ciervo dramatiza su glande.

Y lo esmalta de semen borbón.

Y yo que le silbo al cocodrilo abstractor.

Y el cocodrilo abstractor que acude al grito de:

‘Apollinario! Apollinario!’

Y se lo engarza al ciervo rutilante

escamándole el escroto que

en su rugosidad pretende defender

al musgo uterino de pasto

que se agrieta, ahora, a la tercer empalada

del cocodrilo abstractor.

 

Y mientras el Ciervo ya Cierva se contractura

en el barro de excremento sanguíneo

le dice a Girri de bicho:

 

‘Te vas a quedar envasado en el paisaje, solo’

 

APOLLINARIO

                                            APOLLINARIO

(...)

Pasan

aviones vacíos y el viento que agita a más

trompeando al pasto que traga la luz de las colinas

mientras la reposera imantada al suelo

imita una calma veraniega en sus líneas amarillas

 

y al sentarme

 

no me interpreta.



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