
La prefabricada - Julián Bejarano
Barrial
Mis amigos de la infancia siguen ahí
el aburrimiento los empuja a sentarse
en la puerta de sus casas.
No es el sol el que ahora hace sangrar
sus narices, ya no hacen nada
y el motor de sus vidas es dormirse
de los perfumes hermosos.
Mientras ven pasar a otros, piensan
qué hacer con sus cuerpos en la tarde,
si es que, en la suma de sus límites
cabe la posibilidad de encontrar un trabajo.
La existencia diagrama primero, luego graba
en las hectáreas de la memoria, pozos que de tanto
razonar, miden cuadrados inmediatos.
Entre reproches plurales y el peso
de haber salido de un hueco, uno sabe
tomar la cintura de una mujer joven.
Y es probable que otro siga
con sus gestos para siempre
Mi mujer duerme del otro lado de la pared
La cama está fría, la tarde dejó restos
de niebla sin juntar, en los jardines próximos.
Adentro estoy con la estufa diplomática
que difunde ondas de calor amarillo diáfano.
Desde el centro íntimo, veo que en el radio
lunar una sola estrella se infla y se desinfla
todo el tiempo. Estoy presentable, sé que
mi desorden se acomoda frente al río.
Que las partes vuelven a su todo sencillo y solar.
Mañana voy a pasar un día de invierno
agradable, nítido, en la medida
que el sol pueda encerrarme en una cápsula
sin dejar pasar el viento fresco y blanco.
Mi mujer duerme del otro lado de la pared
los árboles firmes en la noche tambaleante.
La cama
Me desperté temprano, el sueño que venía
de atrás pasó al frente. El bienestar para mí
depende de si te duele o no la cabeza.
Tengo las persianas cerradas y no está
en proceso de debate la idea de abrirlas,
no me parece algo genial, mejor las dejo así.
Con el control remoto del equipo, apunto
a los vidrios de la ventana, el láser rebota
e impacta en el rectángulo digital. Se enciende
la luz verde, la música se impone como
la única cosa que funciona adentro de la pieza.
Yo sigo tapado con dos cobijas y un cubrecamas.
Pienso con firmeza en las cosas que no tengo que hacer
mientras que considero ser proclive
a perder la atención fácilmente. Con la cama
nos entendemos, yo le transmito las ganas
de no hacer nada y ella me da la posibilidad de ser,
el único invento en este mundo capaz de mantenerme
agradable, de manera horizontal.
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